El tecno-fascismo de Silicon Valley: la ideología que fusiona tecnología y autoritarismo

Fuentes: Technofascism
El tecno-fascismo de Silicon Valley: la ideología que fusiona tecnología y autoritarismo
Imagen generada con IA

El 'tecno-fascismo' es un término que designa la intersección entre la ideología tecnológica de Silicon Valley y corrientes políticas autoritarias y antidemocráticas. Este fenómeno se ha consolidado en las últimas décadas a través de una red de pensamiento conocida como TESCREAL, acrónimo que agrupa siete corrientes: Transhumanismo, Extropianismo, Singularitarismo, Cosmismo, Racionalismo, Altruismo Efectivo y Largoplacismo. El núcleo de esta ideología sostiene que la humanidad está cerca de alcanzar una inteligencia artificial general, y que quienes controlen este desarrollo controlarán el futuro de la civilización. El largoplacismo justifica cualquier daño presente si incrementa la probabilidad de un futuro tecnológico utópico, lo que convierte a las instituciones democráticas en un obstáculo a eliminar.

Peter Thiel representa el ejemplo más visible de esta tendencia. En 2016 apareció en la Convención Republicana y, previamente, había financiado durante años al blogger Curtis Yarvin (seudónimo Mencius Moldbug), quien argumentaba que la democracia es un error y que EE.UU. debería ser gobernado por un ejecutivo tecnológico no elegido ni responsable ante la ciudadanía. Thiel también financió la ascenso de JD Vance a la viceprecidencia y la demanda que destruyó Gawker. En 2023, Marc Andreesson publicó el 'Manifiesto Tecno-Optimista', que cita explícitamente a F.T. Marinetti, el poeta futurista italiano que influyó en Mussolini, y a Nick Land, filósofo fundador del movimiento neorreaccionista que considera la democracia un error.

Las consecuencias son concretas: en Brasil, la plataforma X de Musk amplificó a partidarios de Bolsonaro y se negó a bloquear cuentas que incitaban a la violencia; en India, Meta ha amplificado contenido nacionalista hindú que incite a la violencia contra comunidades musulmanas mientras modera más agresivamente la crítica al partido gubernamental. Esta es la aplicación práctica de una visión donde las instituciones democráticas son obstáculos y los multimillonarios tecnológicos se consideran legitimados para sortearlas.