Un estudio reciente publicado en la revista Nature Communications revela que el T. Rex, el dinosaurio más grande de la historia, mantenía una temperatura corporal de aproximadamente 97 grados Fahrenheit (36,1 grados Celsius). Este hallazgo desafía la visión tradicional de que los dinosaurios eran animales de sangre fría, sugiriendo que poseían una fisiología más activa y compleja que la de los reptiles modernos. La investigación, liderada por el equipo de la Universidad de California en Los Ángeles, utilizó modelos computacionales avanzados para simular la termorregulación de un T. Rex de 20 metros de longitud. Los resultados indican que, a pesar de su enorme masa, el animal lograba mantener una temperatura interna estable mediante mecanismos de disipación de calor eficientes, lo que le permitía ser un depredador de alto rendimiento. Este descubrimiento tiene implicaciones significativas para la comprensión de la evolución de los dinosaurios y su relación con los mamíferos actuales. Los autores señalan que la capacidad de regular la temperatura corporal fue un factor clave en la supervivencia y el éxito reproductivo de estas especies durante el periodo jurásico y cretácico. El artículo destaca la importancia de integrar la biología térmica en los modelos de evolución de los animales prehistóricos, ofreciendo una nueva perspectiva sobre cómo funcionaban los cuerpos de estos gigantes de la prehistoria.
