Intel cerró un trimestre en el que sus cifras operativas mejoran con fuerza, aunque los estados financieros según los principios contables estadounidenses (GAAP) reflejan una pérdida neta de 11.000 millones de dólares. El motivo es estrictamente contable: las acciones que la empresa mantiene en un fideicomiso como parte del acuerdo de financiación con el Gobierno de EE. UU. obligan a registrar como pérdida las subidas de cotización. En el segundo trimestre, la acción pasó de unos 44 a unos 130 dólares, lo que generó un impacto negativo de 13.600 millones de dólares. Sin este efecto, el beneficio neto (non-GAAP) asciende a 2.200 millones de dólares.
El negocio de fondo es sólido. Los ingresos alcanzaron 16.100 millones de dólares, un 25 % más interanual —el mayor crecimiento en más de quince años según el consejero delegado Lip-Bu Tan— y el beneficio operativo antes de impuestos fue de 1.800 millones, impulsado por el fin de los costes de reestructuración y por la demanda de procesadores Xeon para servidores linked a agentes de inteligencia artificial. La división de centro de datos e IA creció un 59 % hasta 6.300 millones, mientras que el negocio de procesadores para cliente (Core) subió un 13 % hasta 8.900 millones, con un margen bruto del 40,4 %. Para el tercer trimestre, Intel prevé entre 15.800 y 16.800 millones de dólares de ingresos y un beneficio neto GAAP de 1.600 millones. La cotización subió entre un 4 % y un 12 % en operaciones tras el cierre.
