Las metáforas son herramientas esenciales para explicar conceptos abstractos, como la analogía de la presión del agua para entender la tensión eléctrica. Sin embargo, la sobredependencia de estas figuras lingüísticas puede generar malentendidos, ya que las abstracciones ocultan información crucial. El autor argumenta que comparar la conciencia con la computación es circular y limitante, similar a cómo se usaba el cerebro como un telégrafo o un mecanismo de relojería en el pasado. Esta perspectiva histórica, que incluye las teorías de René Descartes, ilustra cómo el entendimiento científico ha evolucionado en paralelo con la tecnología, pero también advierte contra la arrogancia de afirmar que la computación es la única explicación válida. La metáfora debe servir como un punto de apoyo, no como una definición definitiva que ignore las complejidades subyacentes del fenómeno cerebral.
