El Renminbi: ¿moneda global o sueño lejano?

Fuentes: Dear Comrade Xi

El artículo "Querido Camarada Xi" de Alexander Campbell analiza la posibilidad de que el Renminbi (RMB) chino se convierta en una moneda de reserva global, un objetivo que, según el autor, es conceptualmente sencillo pero políticamente casi imposible. Para entender la dificultad, es crucial comprender qué es realmente una moneda de reserva. No se trata simplemente de que un país tenga un superávit comercial; una moneda de reserva es aquella que otros países y entidades aceptan como dinero, creando una red de confianza donde cada participante acepta la moneda porque confía en que otros también lo harán. Esta confianza se basa en una cadena de liquidez, donde la aceptación se extiende de un agente a otro. La eficiencia en las transacciones (el 'mínimo trabajo viable' para liquidar una deuda) es también un factor clave: una moneda debe ser conveniente de usar. El artículo argumenta que el sistema financiero chino, con sus controles de capital, en realidad maximiza el trabajo necesario para mover dinero, lo que dificulta su adopción global.

Campbell propone un plan de cinco puntos para lograr este objetivo. El primero y más crucial es liberar el capital chino, permitiendo que los ciudadanos chinos inviertan y operen libremente en el extranjero. Esto parece contradictorio, pero es esencial para que otros países acepten el RMB, ya que limita la capacidad de China de controlar el flujo de dinero y fomenta la confianza. El segundo punto es permitir la entrada de capital extranjero, eliminando las restricciones que impiden a los inversores extranjeros comprar activos y servicios chinos libremente. Esto crea un flujo bidireccional esencial para la liquidez. Los puntos restantes, aunque no detallados en el extracto, implican probablemente reformas adicionales para aumentar la transparencia y la convertibilidad del RMB.

El artículo destaca que convertirse en una moneda de reserva requiere 'humildad', es decir, renunciar al control directo sobre las transacciones financieras y permitir que la moneda circule libremente, incluso en circunstancias potencialmente desfavorables. El ejemplo del sistema eurodollar ilustra cómo la difusión del poder monetario puede ocurrir incluso sin la dirección estatal. Finalmente, el autor señala una ironía: mientras el gobierno chino busca la de-dolarización, los ciudadanos chinos están utilizando criptomonedas como Tether para acceder a dólares, demostrando una preferencia por la liquidez y la libertad financiera que el sistema actual chino no puede satisfacer. La dificultad de implementar este plan radica en que los controles de capital son una herramienta clave para el control político y económico del Partido Comunista Chino.