En la entrada del municipio de Saint-Chamas, en el departamento de las Bocas del Ródano (sur de Francia), se alza el puente Flaviano, una construcción romana terminada hacia el año 12 a. C. durante el reinado de Augusto. Es uno de los puentes romanos mejor conservados de Francia y el único que conserva en sus dos extremos los arcos triunfales originales, cada uno de 7 metros de altura, decorados con pilastras corintias y relieves.
El puente formaba parte de la Vía Julia Augusta, la calzada romana que recorría la costa mediterránea de la Galia y conectaba el norte de Italia con Marsella, Arlés, Fréjus, Aix-en-Provence y Narbona. Mide 21,4 metros de largo y 6,2 metros de ancho, y salva el río Touloubre cerca de su desembocadura en el estanque de Berre.
Su nombre no alude a la dinastía Flavia, sino a Lucius Donnius Flavus, quien ordenó construirlo por testamento, según la inscripción latina conservada en el propio puente. La obra fue ejecutada bajo la supervisión de Cayo Donnio Vena y Cayo Attio Rufio.
En el legado romano de Francia destaca también el Pont du Gard, un acueducto del siglo I de casi 50 metros de altura, construido por orden de Marco Vipsanio Agripa, yerno de Augusto, con unos mil trabajadores durante casi cinco años. Catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es uno de los puentes romanos más visitados y mejor conservados del mundo.
