En un contexto donde la inteligencia artificial general (AGI) redefine las habilidades profesionales, un padre a punto de tener un hijo reflexiona sobre la relevancia de la educación tradicional. El texto, publicado en octubre de 2026, analiza si la programación sigue siendo un valor económico y educativo en un mundo donde la IA automatiza tareas cognitivas. El autor, un programador, cuestiona la obsolescencia de su profesión y busca nuevas razones para la existencia de las escuelas, citando a Neil Postman y Thomas Edison para ilustrar cómo la tecnología ha transformado, pero no ha eliminado, la educación. Se argumenta que las instituciones educativas han sobrevivido a la radio, el cine y la internet no por su original propósito religioso, sino por factores pragmáticos como el prestigio, las becas y la necesidad de supervisión infantil. El artículo propone que la educación debe adaptarse a nuevos fines, como la colaboración global, la curiosidad científica y la creación de herramientas narrativas, más que a la mera memorización o la obtención de ingresos. Se sugiere que el medio de enseñanza es tan importante como el contenido, y que la relación entre educadores y estudiantes debe basarse en la humanidad y la colaboración, no en la imposición de objetivos. Finalmente, se invita a los padres a co-crear el propósito educativo con sus hijos, reconociendo la incertidumbre del futuro y la necesidad de redefinir el valor de la educación en la era de la IA.
