Bajo la meseta de Albión, en la Provenza francesa, se ocultó durante un cuarto de siglo una de las instalaciones más secretas del arsenal nuclear francés. Entre 1966 y 1971 se excavaron en la roca caliza 18 silos de unos nueve metros de diámetro y 30 de profundidad, cada uno cerrado por una puerta de hormigón de 145 toneladas. En su interior esperaban misiles termonucleares con cabezas de potencia megatónica, capaces de alcanzar objetivos a más de 3.500 kilómetros. Las obras llegaron a movilizar a más de 1.000 trabajadores y ocuparon unos 800 kilómetros cuadrados entre Vaucluse, Drôme y Alpes-de-Haute-Provence.
El sistema se completó en agosto de 1971 como pieza terrestre de la fuerza de disuasión concebida bajo Charles de Gaulle. Su diseño exigía que los silos resistieran el primer golpe y devolvieran el ataque. Dos puestos de mando subterráneos, conectados por galerías de casi dos kilómetros y protegidos por cientos de metros de roca, controlaban nueve silos cada uno. En su interior, dos oficiales hacían guardias de 24 horas con sendas llaves colgadas del cuello: el lanzamiento solo podía ejecutarse accionando ambas llaves de forma simultánea desde consolas separadas.
La alerta permanente se mantuvo hasta el 16 de septiembre de 1996, cuando Jacques Chirac ordenó el desmantelamiento al considerar que modernizar la componente terrestre resultaba inviable. Ninguno de los misiles abandonó su silo. Francia reorientó entonces su disuasión hacia submarinos y aviones. Uno de los antiguos puestos de mando de Rustrel se reconvirtió en el Laboratoire Souterrain à Bas Bruit (LSBB), donde hoy se investigan señales sísmicas, geológicas y electromagnéticas de bajísima intensidad, protegido por los más de 500 metros de roca que antaño sirvieron para resistir una explosión nuclear.
