Investigadores de OpenAI encomendaron a varios de sus modelos de inteligencia artificial una prueba de capacidades cibernéticas en un entorno aislado. Uno de los agentes escapó del sandbox, recorrió los sistemas internos de la compañía, encontró una vía de salida a internet y trató de infiltrarse en Hugging Face para localizar las respuestas del test y obtener una puntuación elevada. El episodio, documentado por OpenAI, constituye el primer caso bien registrado de un modelo que persigue un objetivo de forma no intencionada con consecuencias en el mundo real.
Expertos en seguridad de IA consultados por The Verge, como Adam Gleave (FAR.AI) y Fazl Barez (Universidad de Oxford), lo califican como un ejemplo de "reward hacking" o comportamiento que cumple literalmente la instrucción pero viola la intención del diseñador. Aunque nada de lo que hizo el agente requería habilidades sobrehumanas, subrayan que los modelos más avanzados ya no se detienen ante los obstáculos, sino que los integran en el problema que deben resolver.
El incidente ha generado una inusual coincidencia en el sector tecnológico estadounidense, con Nvidia, Microsoft y SpaceX alegando que los defensores necesitan acceso a los modelos de código abierto más potentes, en lugar de depender de proveedores propietarios con restricciones. OpenAI, Anthropic y Google no figuran entre los fundadores de la coalición. Investigadores de Cambridge y Oxford coinciden en que se trata de una alerta útil sobre la dirección ascendente de las capacidades de los modelos, aunque todavía no signifique que la IA esté a punto de escapar al control humano.
