Un experto en computación critica la tendencia de algunos tecnólogos a difundir alarmismo sobre el riesgo de extinción humana provocado por la inteligencia artificial. El autor utiliza una anécdota personal de su juventud, en la que provocó el pánico en un laboratorio universitario simulando un virus informático, para ilustrar cómo el miedo se propaga rápidamente cuando proviene de supuestos expertos, incluso sin evidencias sólidas.
El texto cuestiona específicamente las afirmaciones de Jacob Coxon, ex empleado de Anthropic, y Evan Hubinger, quienes sugieren que existe una probabilidad superior al 10% de que la IA cause la extinción humana en la próxima década. El autor argumenta que estas predicciones carecen de rigor técnico y omiten la realidad física: la inteligencia digital no se traduce automáticamente en capacidad de acción física autónoma, ya que los sistemas dependen de infraestructuras diseñadas y controladas por humanos. Finalmente, insta a exigir pruebas extraordinarias ante afirmaciones tan extremas y recuerda la responsabilidad ética de los expertos para no abusar de la confianza pública.
