En febrero de 1923, Albert Einstein emprendió una gira por España que lo llevó a Barcelona, Madrid y Zaragoza en apenas un mes. El viaje, impulsado por el matemático Julio Rey Pastor y el ingeniero Esteban Terradas, se gestó entre 1920 y 1922 y coincidió con el momento de mayor celebridad del físico: acababa de recibir el Premio Nobel de 1921 por el efecto fotoeléctrico y su fama se había disparado tras el eclipse de 1919 que confirmó la Teoría de la Relatividad General. Sin embargo, el grueso del público español lo veía más como una celebridad exótica que como un revolucionario de la física. La popular anécdota de la castañera que lo confundió con "el inventor del automóvil" resume ese desencuentro. Einstein llegó a Barcelona el 22 de febrero sin que nadie lo esperara en la estación, tomó un modesto hospedaje en La Rambla y fue rescatado por Terradas para instalarse en el Ritz. En seis días ofreció conferencias, visitó el monasterio de Poblet, recorrió escuelas catalanas y se reunió con el líder de la CNT, además de dejarse fotografiar con rondallas y tocar el violín en veladas con intelectuales como Ortega y Gasset y Gregorio Marañón. El 1 de marzo se trasladó a Madrid, donde se alojó en el Hotel Palace, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Central y recibió el diploma de la Real Academia de Ciencias. De allí pasó a Zaragoza y Toledo. La visita dejó un legado mixto: gran expectación social, escasos frutos en la divulgación de la relatividad y el nacimiento de una serie de anécdotas que, un siglo después, siguen definiendo cómo España recibió a uno de los mayores genios del siglo XX.
