El paréntesis: una historia literaria entre lo grotesco y lo maravilloso

Fuentes: On That Disgraceful, Disreputable, (Wonderful) Form of Punctuation: The Parenthesis

El paréntesis, esa marca tipográfica a menudo considerada accesoria e incluso indigna, esconde una tradición retórica milenaria que la autora Florence Hazrat recorre con detalle. La pieza combina ensayo histórico, crítica literaria y biografía para reivindicar un signo que ha permitido a los escritores suspender el discurso, explorar los mundos interiores de la mente y reflejar las tensiones sociales y tecnológicas de cada época.

La historia arranca con los humanistas renacentistas, que retomaron la interpositio del retórico Quintiliano y la tradujeron a un nuevo soporte impreso. Shakespeare y sus contemporáneos llamaban a la puntuación 'distinctions' o 'pointing', y la primera constancia de la palabra 'punctuation' aparece en 1593, en la Orthoepia Gallica de John Eliot. La puntuación dejó de ser un simple recurso gramatical para convertirse en vehículo de reflexión sobre las revoluciones técnicas, las relaciones de género y los géneros literarios de la época.

El centro del texto lo ocupa Sir Philip Sidney, definido como el rey indiscutible del paréntesis. Su obra Arcadia, redactada entre 1577 y 1584 y publicada póstumamente en versiones rivales por Fulke Greville y Mary Sidney, contiene casi 2.400 paréntesis prácticamente idénticos entre los manuscritos. Sidney interrumpió la epopeya en mitad de una batalla, en una frase suspendida, y murió en 1586 a los treinta y un años por una herida de bala en los Países Bajos, un final que muchos críticos han interpretado como un eco ominoso de su propia escritura truncada. Escritores posteriores, como Gervase Markham y su sobrina Lady Mary Wroth, retomaron el hilo narrativo y adoptaron sus paréntesis como sello de legado.

Hazmat cierra con el debate que los manuales de estilo renacentistas, como las Directions for Speech and Style de John Hoskins (1600) o The Art of English Poetry de George Puttenham (1589), reflejan sobre la legitimidad de las inserciones largas. Concluye que el paréntesis, capaz tanto de arruinar como de ennoblecer una frase según el pulso del autor, sigue siendo una herramienta literaria de enorme potencia expresiva.