El Aeropuerto Internacional de Denver (DIA) nace de una promesa política de 1983 para reemplazar al antiguo aeropuerto de Stapleton, que se había convertido en un cuello de botella operativo debido a su ubicación geográfica y a la falta de expansión física. La construcción, iniciada en 1984, se convirtió en el mayor proyecto de infraestructura pública de EE. UU. hasta la fecha, con un presupuesto final de casi 5.000 millones de dólares, superando los 3.000 millones iniciales. A diferencia de otros aeropuertos, DIA careció de apoyo inicial de las aerolíneas, lo que otorgó a United Airlines una influencia decisiva en el diseño operativo una vez que la estructura física estaba en marcha. La necesidad de un alto ritmo de rotación de aeronaves, con aterrizajes y despegues en menos de 35 minutos, obligó a un diseño innovador pero complejo: cuatro edificios separados por túneles subterráneos para permitir el cruce de aviones en taxi. Esta configuración, junto con la dificultad de modificar la construcción subterránea, generó retrasos, sobrecostos y cambios costosos en los contratos. El proyecto, que buscaba modernizar la aviación en el oeste de EE. UU., se convirtió en un símbolo de controversia política y conspirativa, especialmente por el nombre de la comisión de apertura, 'New World Airport Commission', que evocaba la 'Nueva Orden Mundial'. Aunque el aeropuerto opera con éxito hoy, su historia refleja las tensiones entre la planificación pública, los intereses corporativos y las limitaciones técnicas de la infraestructura moderna.
