El oficio de trazar letras: por qué este taller rechaza la IA generativa en tipografía

Fuentes: From human hands

Un taller tipográfico rechaza el uso de inteligencia artificial generativa en cualquier fase de su diseño y producción, y articula su posición mediante un ensayo que recorre la historia de las letras. El texto parte del origen de la letra A —un dibujo de cabeza de buey grabado en arenisca hace unos 3.500 años, cuyo nombre era aleph— para ilustrar cómo cada generación ha transformado la forma de los caracteres. Recuerda que la asimetría de la A y los remates (serif) nacieron de gestos concretos: el pincel plano de los escribas romanos, que iniciaban y terminaban cada trazo con un pequeño flick horizontal, y la incomodidad de girar la muñeca siempre en la dirección de avance, que favorecía trazos gruesos al bajar hacia la derecha y finos al subir hacia la izquierda. Esa modulación de grosor pervive en las tipografías actuales. El ensayo sostiene que la IA generativa carece de cuerpo y de fricción: Midjourney no asocia un buey con el hogar, ChatGPT no inventará una caligrafía porque no tiene muñecas. Argumenta que delegar el diseño visual en estos sistemas equivale a aceptar un canon petrificado por máquinas que equiparan unos pocos miles de millones de páginas web con la totalidad de la experiencia humana. Advierte del riesgo para idiomas con poca presencia en los datos de entrenamiento y para culturas cuya relación con la tipografía es un vistazo por el ojo de una cerradura: sin una industria tipográfica viva, que sostenga a nuevos diseñadores, la puerta no se abrirá nunca. Concluye que el oficio es lento, difícil y poco rentable, y que la IA, aunque ofrece un camino sin obstáculos, conduce a un desierto.