Durante 25 años, los físicos detectaron una discrepancia de una parte por millón entre la teoría y los experimentos sobre el momento magnético del muón (el llamado factor g-2), lo que sugería la posible existencia de partículas desconocidas. En 2021, esa pista pareció desvanecerse: una nueva predicción teórica basada en el método de lattice QCD, publicada por el grupo BMW el mismo día que Fermilab difundía su medición actualizada, mostró que el muón se comporta exactamente como predice el Modelo Estándar. Varios grupos independientes han confirmado desde entonces cálculos equivalentes mediante técnicas de lattice.
Sin embargo, el consenso ha abierto un nuevo problema. Los cálculos más antiguos, basados en el método data-driven que infiere el efecto de la fuerza fuerte a partir de colisiones electrón-positrón, seguían siendo consistentes con la física conocida y no encajan con los nuevos resultados de lattice. Como esas predicciones antiguas se nutrían de datos experimentales, los físicos se preguntan ahora si en esos experimentos anteriores estaba ocurriendo algo anómalo.
Una pista reciente llega del colisionador VEPP-2000 en Siberia, cuyos datos sobre quarks ligeros han empezado a divergir de forma pronunciada respecto a mediciones de otros aceleradores. Los físicos trabajan para determinar si la discrepancia se debe a diferencias en los procedimientos experimentales o si, después de todo, podrían estar aflorando nuevas partículas. El desenlace de este nuevo capítulo del enigma del muón podría obligar a revisar tanto la historia experimental como las técnicas de cálculo de la cromodinámica cuántica.
