El fenómeno de El Niño en 2026 se caracteriza por una intensidad sin precedentes, con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) pronosticando una probabilidad del 100% de alcanzar temperaturas del océano 3,4 grados Celsius por encima de lo normal para diciembre. Esta iteración, que ha establecido récords diarios de calor, interactúa con el cambio climático global, un proceso que, aunque no es la causa directa del evento, amplifica sus impactos. Christopher Callahan, investigador de la Universidad de Indiana, señala que la relación entre ambos fenómenos es un área de investigación activa, donde el calentamiento global actúa como un 'empujón' adicional sobre la atmósfera, intensificando los patrones meteorológicos extremos. Francisco Estrada, de la Universidad Nacional Autónoma de México, advierte que no se debe separar el El Niño del calentamiento global, ya que la combinación de un evento excepcional con un clima más cálido genera riesgos imprevisibles para las sociedades. Los expertos coinciden en que, aunque la amplitud del El Niño podría haber aumentado naturalmente en los últimos 1.000 años, la superposición con el cambio climático podría hacer que los efectos, como las sequías en el Amazonas o las inundaciones en el suroeste de EE. UU., sean más devastadores. La ONU ha llamado a medidas urgentes de adaptación, mientras que California ya ha declarado una emergencia estatal ante la amenaza de este fenómeno, que podría acelerar el daño a los ecosistemas y la economía global.
