El módulo de seguridad Lockdown de Linux introduce restricciones estrictas para aislar el espacio de usuario del espacio de kernel, un objetivo que compromete la función de hibernación del sistema. Tradicionalmente, el acceso de root al kernel se permitía mediante la carga de módulos o la manipulación de registros de CPU, lo que permitía a un atacante comprometer el sistema operativo. La implementación de UEFI Secure Boot por Microsoft en 2012 estableció una base de confianza que el Lockdown Linux Security Module utiliza para bloquear interfaces de usuario que modifican el kernel y exigir firmas de confianza a los módulos.
El conflicto surge porque la hibernación de Linux guarda el estado del sistema en la partición swap y, al reiniciar, el kernel recopila esa imagen. Dado que root puede escribir en swap sin cifrado, un atacante podría crear una imagen de hibernación maliciosa y el kernel la ejecutaría al reiniciar, ganando control total. Para mitigar esto, se requiere verificar que la imagen fue escrita por el kernel y no por el usuario. Los Módulos de Plataforma Confiable (TPM) ofrecen una solución criptográfica: el kernel genera una clave y la cifra con ella, registrando el estado de los registros de configuración de la plataforma (PCR) en el TPM. Al verificar que el valor del PCR coincide con el registrado durante la cifrado, el sistema confirma que la clave fue generada por el kernel. Sin embargo, esta medida limita el uso de ciertos PCRs, como el 23, que algunos usuarios necesitan para funciones legítimas, generando un dilema entre seguridad y funcionalidad.
