Un equipo de la Universidad de Cambridge ha cuantificado las emisiones de la Copa Mundial de la FIFA 2026, recién concluida, y las de la gira europea de Coldplay de 2024 en un estudio publicado en Communications Sustainability. La expansión del torneo a 48 selecciones elevó las emisiones totales a unos 4,23 millones de toneladas de CO₂ equivalente —aproximadamente 590.000 toneladas más que en ediciones anteriores de 32 equipos—, una cifra comparable a las emisiones anuales de Islandia. El 82 % de esa huella procede de los desplazamientos de los aficionados, con 3,07 millones de toneladas atribuidas a viajes internacionales.
Los investigadores proponen internalizar el coste climático en el precio de las entradas: unos 114 dólares adicionales por boleto de media en el Mundial, frente a 11 dólares en la gira de Coldplay, que logró reducir un 48 % las emisiones de viaje de sus asistentes mediante una aplicación de transporte y descuentos en merchandise para quienes optaban por opciones bajas en carbono. En conjunto, la gira recortó sus emisiones un 46 % respecto a una tournée convencional.
El marco de dos fases planteado sugiere comparar primero los beneficios económicos del evento con el coste monetario de sus emisiones y, si procede, rediseñar o cancelar la cita. Cuando los beneficios superan el coste climático —como ocurre en ambos casos—, el estudio aboga por repartir la responsabilidad entre organizadores y público: descuentos para viajeros en tren, elección de sedes más cercanas, tasas proporcionales al precio de la entrada o un canon de 4,50 dólares por espectador televisivo que cubriría los 787 millones de dólares de coste climático estimados para el Mundial.
