La introducción de 11 muflones europeos en el Parque Nacional del Teide en 1971, impulsada por la caza mayor bajo el gobierno de España, ha generado una grave crisis ecológica en Canarias. Hoy, la población de esta especie invasora, originaria de Córcega y Cerdeña, supera las 500 unidades, lo que ha provocado la destrucción de la vegetación autóctona y la erosión del suelo. El animal, que carece de depredadores naturales en la isla, ocupa las cumbres entre 1.400 y 3.100 metros de altitud, minando las poblaciones de plantas endémicas, 12 de las cuales son exclusivas de Tenerife. Además, sus deposiciones alteran las condiciones del suelo, generando problemas de derrumbamiento y erosión, especialmente en zonas afectadas por incendios. Aunque el muflón fue declarado especie invasora en 2011, su población continúa aumentando. El Boletín Oficial de Canarias establece un cupo mínimo de 236 ejemplares para su caza en 2026, un 26% más que el año anterior. Expertos señalan que la falta de una voluntad real de erradicación y la dependencia de la batida como método de control han impedido la recuperación del ecosistema. Asociaciones ecologistas como ACBC y ATAN exigen un control basado en datos científicos y ejecutado por personal especializado, mientras que el Parque Nacional, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2007, enfrenta el desafío de proteger su biodiversidad única frente a esta presión histórica.
