En el municipio cántabro de Cabezón de la Sal se levanta el Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón, declarado espacio protegido por el Gobierno de Cantabria en 2003. El enclave alberga 848 secuoyas rojas —el mayor bosque de esta especie en Europa— repartidas en unas 2,5 hectáreas del monte de Corona, junto a un pequeño grupo de pinos. Los ejemplares, plantados en la posguerra con fines madereros, nunca fueron talados, lo que permitió su desarrollo natural. En la actualidad, sus troncos rectos, de entre 1 y 2 metros de ancho, alcanzan alturas de 35 a 40 metros y crean una estética similar a la de las naves de una catedral vegetal.
La secuoya roja, originaria de California, destaca por su rápido crecimiento vertical, su corteza fibrosa resistente al fuego y su capacidad para adaptarse a suelos profundos y húmedos. Aunque la especie puede vivir más de mil años, los árboles de Cabezón son aún jóvenes: en su hábitat natural superan los 100 metros, con un récord de 115,55 metros en el Parque Nacional Redwood, al norte de San Francisco.
El paraje, situado en la carretera que une Cabezón de la Sal con Comillas, dispone de aparcamiento, merendero, mirador, una red de caminos con tramos adaptados y pasarelas de madera para proteger las raíces. En el entorno habitan corzos, zorros y aves forestales. Monte Corona conecta con otras sendas del Parque Natural de Oyambre, consolidando este rincón como uno de los principales atractivos de turismo sostenible de la cornisa cantábrica.
