En las profundidades de la mina de oro y uranio Moab Khotsong, a casi dos millas bajo tierra en Sudáfrica, un equipo internacional de científicos investiga un fenómeno que desafía la biología convencional: la presencia de oxígeno libre en lugares oscuros y aislados de la superficie. En la Tierra, el oxígeno (O2) se asocia con la fotosíntesis de plantas y algas. Sin embargo, desde 2023, el microbiólogo Emil Ruff y sus colegas han detectado O2 en aguas subterráneas profundas de Canadá, y luego en muestras de distintos puntos del planeta, sin que la luz solar ni la atmósfera puedan explicarlo.
El hallazgo tiene implicaciones enormes. El oxígeno es el aceptor de electrones más potente que existe: libera grandes cantidades de energía al reaccionar con otros compuestos, lo que permite el metabolismo de organismos complejos. Si hay O2 disponible bajo tierra, la biosfera profunda —que podría contener entre el 10 % y el 50 % de la biomasa del planeta— sería más diversa de lo pensado. Además, mecanismos no fotosintéticos capaces de generar oxígeno podrían existir en lunas y planetas como Marte o Europa, lo que amplía el interés astrobiológico. La NASA ha financiado una investigación global sobre el tema, con Moab Khotsong como primera parada gracias a sus salmueras radiactivas de más de 1.200 millones de años, aisladas de la superficie desde antes de la evolución de plantas y animales. En esas aguas, los microbios parecen alimentarse del hidrógeno liberado por la radiactividad que rompe las moléculas de agua, y algunos podrían producir su propio oxígeno oscuro para extraer energía de hidrocarburos como el metano.
