El Mar Menor se ha convertido en escenario de una disputa entre vecinos, ecologistas y el sector náutico por la proliferación de motos de agua en la laguna. Una iniciativa en Change.org acumula ya 32.600 firmas —la cifra más reciente— y pide vetar estos vehículos siguiendo el ejemplo del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, donde están prohibidas. Las asociaciones ecologistas, como Ecologistas en Acción, sostienen que estas embarcaciones remueven sedimentos en aguas someras, enturbian el agua, aportan nutrientes a las microalgas y arrancan plantas y fauna del fondo. Además, los vecinos denuncian velocidades excesivas, ruidos y riesgos para los bañistas: SOS Mar Menor describe La Gola de Marchamalo como «un circuito de velocidad». En el lado opuesto, la Asociación Náutica de la Región de Murcia, presidida por José Miguel Martínez, rechaza la prohibición y afirma que el daño ambiental «nadie lo ha demostrado científicamente», aunque coincide en reclamar más vigilancia. Un dato clave aviva el conflicto: según La Verdad, entre el 1 de enero y el 26 de agosto se contabilizaron 221 denuncias por infracciones náuticas en la laguna, de las cuales 102 (el 46,1%) correspondieron a motos acuáticas, más que las de embarcaciones de recreo y de pesca juntas.
