Un mapa elaborado por Our World in Data a partir del informe World Population Prospects 2024 de la ONU muestra que, durante 2023, el mundo se partió en dos bloques según la diferencia entre nacimientos y muertes. En azul figuran los estados donde la población crece de forma natural —América Latina, África subsahariana, Oriente Próximo, sur y sureste asiático y Estados Unidos— y en naranja los que registran más defunciones que nacimientos: Japón, China, Corea del Sur, Rusia, casi toda Europa del Este y Alemania, entre otros. La tasa de fecundidad de reemplazo se sitúa en 2,1 hijos por mujer, una cifra que ya no alcanzan la mayoría de las grandes potencias. Japón duplica las muertes sobre los nacimientos (1,2 hijos por mujer) y China arrastra el efecto estructural de la política del hijo único aplicada entre 1980 y 2015, con una tasa de 1. Francia, que había esquivado el declive gracias a sus políticas de apoyo a la maternidad, registró en 2025 más muertes que nacimientos por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. El envejecimiento poblacional, la inversión de la pirámide demográfica y la presión sobre los sistemas de bienestar explican la magnitud del fenómeno, que la ONU estima que en 2070 dejará a los mayores de 65 años por encima de los menores de 18 en todo el planeta. El análisis recuerda que la migración, excluida del mapa, actúa como corrector y permite a países como Alemania, Italia o España mantener su población, aunque traslada el reemplazo generacional a los flujos migratorios y a la capacidad de integración. Etiopía, con cinco veces más nacimientos que muertes, ilustra el otro extremo: un crecimiento demográfico que tampoco equivale automáticamente a bienestar, dadas las altas tasas de mortalidad infantil y la precariedad de sus infraestructuras.
