Japón ultima su Maglev, un tren de levitación magnética capaz de alcanzar los 505 km/h y probado por encima de los 600 km/h, con el que pretendía estrenar en 2027 la línea Chuo Shinkansen entre Tokio y Nagoya en 40 minutos. La infraestructura, soterrada en el 90% de sus 286 kilómetros para reducir la fricción y minimizar el impacto del efecto pistón en los túneles, busca conectar también Tokio y Osaka en apenas 75 minutos, frente a los 202 minutos actuales del Tokaido Shinkansen. Sin embargo, el proyecto acumula una década de retrasos: los trabajos en zonas como Shinagawa avanzan solo 12 metros al día por las cuatro horas libres entre servicios, las expropiaciones se han encarecido y los sobrecostes se han disparado. JR Central calculaba en 2011 un coste de 5,52 billones de yenes para el tramo Tokio-Nagoya, una cifra que la propia compañía elevó en 2025 hasta 11 billones de yenes. Nikkei Asia cifra el sobrecoste adicional en más de 23.000 millones de euros, lo que situaría la inversión total por encima de los 59.000 millones de euros. La nueva fecha de apertura se ha desplazado a 2036, en medio de interrupciones en la construcción y dudas sobre la viabilidad de un proyecto que aspira a devolver a Japón el liderazgo mundial en alta velocidad, actualmente en manos de China.
