Sam Neill, actor neozelandés fallecido a los 78 años en Sídney el pasado lunes, es recordado por una carrera versátil que abarcó desde el mago Merlín hasta el espía de Possession, pero sobre todo por su icónico papel del Dr. Alan Grant en Jurassic Park (1993). Tras su muerte, numerosos científicos y profesionales de áreas STEM han compartido públicamente cómo aquel personaje impulsó su vocación.
El paleontólogo ficticio, que combinaba rigor científico con una amabilidad áspera y un trato igualitario hacia su colega, la Dra. Ellie Sattler, se convirtió para muchos en un modelo a observar frente a los arquetipos de acción masculinos de los años ochenta y noventa. El director de comunicación científica de la Universidad de Columbia, Lucky Tran, preguntó en la red X cuántos científicos surgieron tras ver a Grant y Sattler. Investigadores y profesionales como el geólogo marino Thomas Ronge, el exempleado en neurociencia de la Universidad de Oregón Kevin Holloway y el médico de familia Richard Ferro atribuyen directamente a la interpretación de Neill su decisión de estudiar ciencias.
La influencia del personaje y del propio actor, fallecido el lunes en Australia, se mantiene vigente: varios de estos profesionales planean transmitir a sus hijos la película rodada por Steven Spielberg, confiando en que nuevas vocaciones científicas seguirán naciendo al verla.
