El Reino Unido ha pasado de potencia mundial a economía intermedia tras 18 años de estancamiento. En 2007, la renta mediana británica superaba a la de Alemania y la libra valía más de dos dólares; hoy el producto por habitante se sitúa apenas por encima del de Misisipi, el estado más pobre de Estados Unidos, gracias exclusivamente a Londres. Fuera de la capital, el nivel de vida cae muy por debajo del estado sureño. Los salarios británicos han quedado rezagados frente a los de EE UU, Alemania, Francia, Países Bajos y Dinamarca, y un polaco medio alcanzará al británico típico en una década si la tendencia no cambia.
El artículo atribuye el declive a decisiones políticas autoinfligidas. La crisis de 2008 golpeó con fuerza a una economía dependiente de las finanzas londinenses; el Gobierno de David Cameron respondió con una austeridad que disparó la pobreza infantil del 14 % al 23 %, deterioró infraestructuras y disparó las listas de espera del NHS a 6 millones de pacientes. El recorte del 40 % en los fondos a los ayuntamientos provocó la quiebra de Birmingham y amenaza a un tercio de los consistorios ingleses. El referéndum del Brexit, convocado por Cameron para neutralizar a Nigel Farage, abrió una década de inestabilidad con seis primeros ministros consecutivos y una aprobación de Keir Starmer en mínimos de -42 puntos. Mientras la clase política se enroca, el país busca chivos expiatorios en la inmigración.
