El lago Powell, el segundo embalse más grande de Estados Unidos, ha tocado su nivel más bajo desde que se comenzaron a registrar datos, en un episodio que profundiza la crisis de agua en el oeste del país. La caída del embalse, alimentado por el río Colorado y situado en la frontera entre Arizona y Utah, se atribuye a una sequía prolongada en la cuenca y a un consumo que supera la capacidad de recuperación del sistema. El descenso amenaza la producción hidroeléctrica de la presa de Glen Canyon, reduce la disponibilidad de agua para riego, municipios y reservas indígenas, y pone en riesgo el turismo en el lago. El nivel marca un nuevo mínimo histórico por debajo de los registros previos y reaviva el debate sobre la gestión del río Colorado y los recortes de caudal pactados entre los estados de la cuenca. Autoridades federales y gestores estatales han alertado de que, de no llover de forma sostenida en el otoño y el invierno, el embalse podría seguir bajando y obligar a nuevas restricciones. La situación coincide con recortes de agua ya anunciados para Arizona, Nevada y México, y con el fin de las excepciones que habían permitido mantener niveles más altos durante los últimos años.
