El lago Mead, el mayor embalse de Estados Unidos, cayó el viernes a 317,1 metros sobre el nivel del mar, su nivel más bajo desde que se llenó hace cerca de 90 años, según datos de la Oficina de Reclamación. La marca supera por poco el récord del 28 de julio de 2022 y refleja el deterioro prolongado del sistema del río Colorado, afectado por una sequía persistente, el aumento de las temperaturas y décadas de uso excesivo del agua.
J.B. Hamby, presidente de la Junta del Río Colorado de California y miembro del Distrito de Riego Imperial —el mayor usuario del río—, advirtió de que unos 30 millones de personas en la cuenca dependen directamente del lago. El invierno pasado dejó el peor manto de nieve registrado en la cuenca, lo que redujo el caudal que alimenta al río desde las Montañas Rocosas.
El lago Powell, el segundo embalse más grande del país, también se sitúa en mínimos en casi siete décadas. Para proteger la producción hidroeléctrica y el hábitat del pez carpa jorobada, una especie amenazada, las autoridades federales descartaron esta semana liberar agua fría desde la presa del Glen Canyon, en el norte de Arizona.
La Oficina de Reclamación presentó una propuesta a corto plazo para evitar una crisis mayor, tras el fracaso de los siete estados dependientes del río —California, Colorado, Arizona, Nevada, Nuevo México, Wyoming y Utah— en alcanzar un acuerdo de reparto a largo plazo. El plan exige recortes a Arizona, California y Nevada. Los modelos federales prevén que el nivel del lago Mead continúe descendiendo durante el resto del año.
