"Data Empire: The Power of Information to Organize, Control, and Dominate", el nuevo libro de Roopika Risam, recorre 11.000 años —del 9000 a. C. al 2126 d. C.— para sostener una tesis ambiciosa: los datos siempre han sido el sustrato con el que se organiza, controla y domina a las sociedades humanas. La autora parte de las pinturas rupestres prehistóricas, que quizá registraban ciclos de cría animal, y avanza hasta las bases de datos biométricas contemporáneas y los algoritmos de selección de objetivos de la guerra en Gaza, pasando por tablillas cuneiformes mesopotámicas, censos coloniales, el sistema decimal Dewey y la Seguridad Social estadounidense. Risam muestra que las grandes tecnologías culturales —lectura, escritura y aritmética— nacieron como instrumentos mercantiles, legales y administrativos, y que imperios en Egipto, Perú y China solo pudieron sostenerse gracias a complejos sistemas contables. La reseña, firmada por Lorraine Daston en Los Angeles Review of Books, subraya la doble vertiente del dato: allí donde hay imperio hay extracción y coacción, pero los registros también permiten a los oprimidos dejar huella y, en ocasiones, subvertir el orden. La autora rescata a personas concretas —el campesino egipcio Khay frente al escriba Mose, el emperador Qin Shi Huang ordenando quemar los archivos del pasado, la artista novohispana Juan Rodríguez Juárez al servicio del sistema de castas, la secretaria de Trabajo Frances Perkins creando los números de la Seguridad Social, o el abolicionista William Still anotando los nombres de quienes escapaban de la esclavitud— para mostrar cómo cada régimen de datos moldeó vidas concretas. Daston elogia la atención de Risam a la materialidad de la información —arcilla, papiro, pergamino, bambú, quipus, granjas de servidores— y celebra, frente a la omnipresencia del control, las culturas que preservan su saber en la memoria y la canción en lugar de en archivos escritos.
