Un estudio publicado en la revista IMA Fungus ha detectado el mismo hongo del género Cordyceps tanto en insectos parasitados como en los musgos que los rodean, mediante análisis de ADN. El hallazgo sugiere que el hongo atraviesa una segunda fase vital en la que vive dentro del musgo, posiblemente como una adaptación evolutiva para sobrevivir cuando los insectos hospedadores escasean, y explicaría por qué las hormigas anfitrionas suelen morder los musgos en su agonía final.
El género Cordyceps reúne más de 400 especies, cada una especializada en un insecto concreto: hormigas, libélulas, cucarachas, pulgones o escarabajos. Las esporas se adhieren al hospedador, germinan y se extienden por su cuerpo a través de filamentos llamados hifas. El hongo convierte a la hormiga en una especie de esclava-zombi, obligándola a subir a la copa de la vegetación más cercana y a clavar sus mandíbulas en una hoja o rama con una fuerza que no se suelta hasta la muerte. Tras devorar al insecto, el hongo brota de su cabeza y libera nuevas esporas.
Estudios previos han mostrado que, en 2017, las células fúngicas forman una red tridimensional interconectada que controla el comportamiento del insecto sin adherirse directamente a su cerebro. Una investigación de 2019 reveló que la contracción mortal de las mandíbulas se debe a la destrucción de la membrana de las fibras musculares, no a una orden neuronal. El proceso completo puede durar entre cuatro y catorce días.
