Aunque los antiguos griegos, persas y chinos ya elaboraban refrescos a base de hielo picado con frutas y miel, el helado tal como se conoce hoy nació en la Italia del Renacimiento. La figura clave fue Cosme I de Médici, Gran Duque de Florencia desde 1537 y gran mecenas de artistas y científicos. Uno de sus protegidos, el polifacético Bernardo Buontalenti, creó para un banquete en honor de invitados españoles un postre a base de nieve conservada en cámaras aisladas, mezclada con leche, huevos, cítricos y miel. La receta fue un éxito en la corte florentina y sentó las bases del gelato.
El siguiente capítulo se escribió en Francia. Catalina de Médici, pariente de Cosme I, contrajo matrimonio en 1533 con el futuro Enrique II y llevó consigo a la corte francesa cocineros italianos, además de costumbres como el tenedor o el helado. Con ella viajó Ruggeri, un vendedor de aves reconvertido en cocinero gracias a un concurso previo. Ya en el siglo XVII, Francesco Procopio dei Coltelli abrió en París el Café Procope, donde servía helados a figuras como Voltaire, Rousseau o Napoleón. En el XIX, inmigrantes italianos llevaron la receta a Nueva York, donde se inventó el Sundae, mientras que en España las primeras horchaterías surgieron en ese mismo siglo. Hoy, Florencia acoge el mayor festival europeo de helado, en homenaje a Buontalenti y Ruggeri.
