Un nuevo estudio publicado en PNAS desmonta una de las creencias clásicas de la paleoantropología: el aumento drástico del tamaño corporal no acompañó el origen del género Homo, sino que fue un proceso tardío y exclusivo de especies posteriores. La investigación, basada en un análisis estadístico avanzado de 386 especímenes fósiles repartidos en 21 taxones, concluye que el soporte estadístico a la hipótesis de un cambio de tamaño inmediato y transversal a todo el género es muy débil. Por el contrario, los datos indican que los primeros representantes del linaje, incluido Homo habilis, mantuvieron un tamaño corporal modesto, comparable al de los australopitecos. El verdadero incremento de masa se produjo en especies de Homo más derivadas, tras millones de años de presiones selectivas. Los autores subrayan que este trabajo integra la no independencia filogenética, la variabilidad intraespecífica y los márgenes de incertidumbre del registro fósil en un único marco analítico, lo que elimina buena parte del ruido de las lecturas previas y aporta una imagen más fiel de la evolución humana: gradual, escalonada y lejos de cualquier salto abrupto.
