El glaciar del Aneto, el mayor de la península ibérica, sufre un colapso climático acelerado que ha reducido su espesor medio a 12 metros, una pérdida superior a dos metros en el último año. Según los resultados preliminares de la campaña de final de verano de 2026, la masa de hielo se ha fragmentado en tres bloques desconectados bajo el Pico del Medio y el Collado de Coronas, un estado crítico detectado por el grupo CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC). Esta degradación, que en las últimas dos décadas ha superado los tres metros anuales en 2022 y 2023, marca el fin de la esperanza para los glaciares pirenaicos, que han pasado de más de 100 en 1850 a solo 18 en 2022, con una pérdida del 92 % de su superficie glaciar desde el final de la Pequeña Edad de Hielo. El estudio científico 'No hope for Pyrenean glaciers' estima que el Pirineo podría quedar sin hielo hacia 2034. Además de su impacto visual, la desaparición del hielo altera la erosión, el transporte de nutrientes y los ecosistemas de alta montaña, mientras que la falta de flujo glaciar impide la reposición de la masa de hielo, acelerando el derrite por la exposición al polvo y la radiación solar.
