El Ganges reúne en la India funciones espirituales, sociales y económicas que lo convierten en un elemento central de la identidad del país. En el hinduismo, el río se considera un tirtha, un punto de conexión entre el cielo y la tierra, y un medio para limpiar el karma y avanzar hacia la liberación espiritual. Los baños rituales, las oraciones y las ofrendas buscan acercar a los fieles a lo divino, mientras que en Varanasi numerosas familias incineran a sus muertos y dispersan sus cenizas en el agua con la esperanza de facilitar su descanso definitivo.
La trascendencia atribuida al río también tiene un origen mitológico. Relatos antiguos como el Mahabharata explican que Bhagiratha propició el descenso del Ganges para purificar las cenizas de sus antepasados. El Shiva-purana añade que Shiva detuvo la caída en sus cabellos para evitar que destruyera la tierra. Estas narraciones han inspirado representaciones de la diosa Ganga en esculturas y relieves, incluido el conjunto de Mamallapuram.
A su dimensión sagrada se suma una dependencia material considerable. El río recorre unos 2.700 kilómetros desde el Himalaya hasta el golfo de Bengala, y aproximadamente el 40% de la población india depende de su cuenca para el agua y la agricultura. Sin embargo, los vertidos urbanos e industriales y los residuos de prácticas funerarias han deteriorado la calidad del agua y elevado la presencia de bacterias y sustancias tóxicas.
