Este martes, la casa de subastas Sotheby's celebrará una nueva edición de su ya emblemática puja de historia natural, en la que el protagonista será un fósil de Tyrannosaurus rex conocido como Gus, uno de los especímenes más completos jamás hallados de esta especie. Con una valoración previa de 30 millones de dólares, la pieza podría superar la marca de 44,6 millones alcanzada en 2024 por Apex, un estegosaurio vendido también por Sotheby's al fundador del fondo de cobertura Citadel, Kenneth Griffin, y convertirse así en el fósil más caro jamás subastado.
Gus fue descubierto en las Badlands de Dakota del Sur, en terrenos del ganadero Gary "Gus" Licking, fallecido y homenajeado con el nombre del ejemplar. El equipo dirigido por Thomas Heitkamp tardó tres temporadas de campo en completar la excavación y otros tres años adicionales en documentar y reconstruir el esqueleto en el laboratorio, un proceso finalizado en 2023. Según Cassandra Hatton, directora global de historia natural de Sotheby's, el fósil conserva el 61% de sus huesos, una cifra excepcional considerando que通常 un hallazgo relevante aporta alrededor de la mitad del esqueleto. Además, presenta señales de una vida intensa: una gran marca de mordedura en la parte superior del cráneo, probablemente recibida en combate, y varias costillas fracturadas que muestran protuberancias óseas evidencia de una curación.
La subasta reabre un debate creciente en el mundo de la paleontología: si piezas de tan alto valor científico deberían quedar reservadas a los museos o si, como defienden los cazadores de fósiles y la propia casa de subastas, el mercado libre recompensa justamente el riesgo y la inversión de quienes loslocalizan y preservan. Hatton recordó que "la gente muere en las excavaciones" y que muchos excavadores viven al día, invirtiendo recursos propios en expediciones en zonas remotas plagadas de serpientes de cascabel y pumas. A su juicio, sin estos profesionales los dinosaurios enfrentarían una "segunda extinción".
Sin embargo, museos de referencia como el Museo de Historia Natural de Londres reconocen estar quedando fuera del mercado. Su investigadora de dinosaurios, la profesora Susannah Maidment, advirtió que los cinco dinosaurios más caros vendidos en subasta se han comercializado desde 2020, entre ellos Stan, un T. rex adjudicado en 2020 por 31,8 millones de dólares frente a una estimación inicial de entre 6 y 8 millones. Para Maidment, este encarecimiento es "muy problemático": no existe sustituto del fósil original para estudiar la anatomía real de las especies, y la paleobiología resulta más urgente que nunca para entender la actual crisis de biodiversidad. Además, señala que las revistas científicas más prestigiosas no aceptan estudios basados en especímenes de colecciones privadas, al considerar que los investigadores deben poder revisitar las piezas a lo largo de los años.
El paleontólogo independiente Fiann Smithwick, con dos décadas de experiencia en recuperación y venta de fósiles, coincide en que el mecenazgo de coleccionistas privados ha permitido históricamente enriquecer las colecciones de museos, pero advierte del riesgo de que estos especímenes queden en el limbo si el propietario se aburre, fallece o cambia de intereses. Casos como la destrucción durante un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial del fósil de Squaloraja descubierto en 1829 por Mary Anning ilustran que ni los museos están exentos de pérdidas, aunque sí garantizan un acceso científico sostenido.
Hatton aseguró haber contactado durante meses con museos de todo el mundo para intentar que alguna institución pujara por Gus y mantenga la pieza en el dominio público. Las ofertas deberán partir de 19 millones de dólares, una cifra que ya supera el presupuesto de buena parte de las instituciones académicas. Mientras se define el futuro del ejemplar, lo cierto es que la pugna entre valor científico y valor de mercado vuelve a poner a los dinosaurios en el centro de una batalla cultural y económica que parece lejos de resolverse.
