Un exresponsable de una pequeña empresa de software de tres personas, tras visitar las oficinas de una firma amiga de unos 15 empleados, plantea en Hacker News una pregunta que incomoda a buena parte de la profesión: hacia dónde se dirige el trabajo del programador cuando la inteligencia artificial ya escribe, explica y testea el código. Aunque se declara usuario intensivo de Claude, confiesa que lo que vio en directo le resultó impactante: el código ha dejado de ser la fuente de verdad y se genera a demanda del modelo; las líneas de código, las abstracciones y los principios clásicos de ingeniería parecen haber perdido peso; la revisión la hace la propia IA; algunos desarrolladores mantienen más de cinco sesiones simultáneas de Claude sin mirar lo que se escribe; y prolifera el código de pruebas generado por el modelo.
El autor pregunta si esa dinámica se parece a la que viven otros equipos y advierte que, de generalizarse, la programación pasaría de ser una ocupación precisa, basada en entender a fondo el problema, a una actividad probabilística en la que la comprensión se delega en el modelo hasta dejar de ser, en la práctica, una profesión. El hilo invita a contrastar experiencias: si el oficio está mutando por el uso de asistentes de IA, qué se está dejando de aprender y qué nuevas habilidades —revisar prompts, validar lo generado, diseñar pruebas, entender el dominio— pasan a ocupar el centro del trabajo del desarrollador.
