El fin de semana cumple 100 años: ¿lo han roto el trabajo híbrido y los viernes libres?

Fuentes: The weekend is 100 years old – but have ‘skiveday Fridays’ and hybrid working ruined it for everyone?

El fin de semana tal y como se conoce hoy cumple un siglo. En 1926, Henry Ford instauró la jornada de cinco días en sus fábricas sin recortar el sueldo, una decisión que mezclaba interés propio —vender más coches— con la necesidad de recuperar a unos trabajadores agotados por la cadena de montaje. La idea llevaba décadas fermentando en sindicatos y corrientes religiosas, pero el peso industrial de Ford la hizo realidad. En el Reino Unido, la cadena Boots fue pionera en 1933, y la dos días de descanso se generalizó tras la Segunda Guerra Mundial.

Antes de la industrialización, el trabajo lo marcaban el sol y las estaciones; los días libres consecutivos no existían porque los cultivos y los animales no podían desatenderse. Con las fábricas llegó el reloj, y con él, la posibilidad de organizar también el ocio. El descanso se convirtió en motor del capitalismo de consumo: estadios, ropa nueva, minifundas y, desde finales del siglo XX, miniescapadas con vuelos baratos.

Pero en 2026 el concepto se diluye. El trabajo híbrido difumina los límites: la colada se hace el viernes en casa y los correos se contestan el domingo. El fútbol de las tres del sábado se reparte por toda la parrilla hasta el lunes por la noche, y países como Países Bajos ya trabajan una media de 32,1 horas semanales. El viernes protagoniza una silenciosa secesión de la semana laboral. Historiadores y economistas consultados sostienen que el fin de semana representa el triunfo del tiempo colectivo sobre el tiempo del mercado, pero advierten de que, sin un día compartido, pierde su función social y cultural. El artículo también recuerda el experimento soviético de 1929-1940, cuando los descansos se asignaban al azar y la productividad nunca despegó, como aviso de lo que ocurre cuando el tiempo libre deja de ser común.