El fin de la lectura: una anomalía histórica en peligro de extinción

Fuentes: The End of Reading Is Here

A lo largo de la historia, la alfabetización ha sido una excepción frágil, no una constante. Hace 2.300 años, la Biblioteca de Alejandría concentró el saber de la Antigüedad y albergó hallazgos como el cálculo de la circunferencia terrestre. Su desaparición, en torno al año 400 de nuestra era, no se debió tanto a las guerras y los saqueos como al abandono: la humedad, los roedores y los insectos destruyeron los papiros, y la falta de recursos para copiarlos hizo inviable sostener la colección. El historiador Roger Bagnall sostiene que la muerte del recinto fue síntoma, y no causa, de una edad oscura que ya había comenzado.

En la actualidad, Estados Unidos atraviesa un declive similar de la lectura. Según la National Endowment for the Arts, menos de la mitad de los adultos leyó algún libro en 2022 y solo el 38 % leyó una novela o un relato. Un análisis de 236.000 respuestas a la American Time Use Survey muestra que la proporción de estadounidenses que lee por placer cualquier día bajó del 28 % en 2004 al 16 % en 2023. Apostar ya es una actividad de ocio más frecuente que leer: el 57 % de los adultos realizó una apuesta el último año.

La caída afecta a todos los grupos demográficos, incluidos los lectores más asiduos: jubilados, mujeres y titulados universitarios. Las obras más vendidas son ahora más sencillas: las frases de los best sellers del New York Times son un tercio más cortas que hace un siglo, y títulos juveniles y de fantasía romántica dominan las listas. Además, menos del 10 % de los jóvenes de entre 20 y 30 años lee el periódico a diario, frente al 50 % de 1975, y el 40 % prefiere informarse mediante vídeo o audio. Los datos de la National Assessment of Educational Progress revelan que solo el 35 % de los estudiantes de último año de secundaria alcanza el nivel de competencia en comprensión lectora, mientras que casi el 30 % de los adultos no puede parafrasear ni inferir información de un texto de varias páginas.

Paradójicamente, los estadounidenses probablemente leen más palabras que nunca, pero lo hacen en mensajes, publicaciones en redes sociales y subtítulos fragmentados. La neurocientífica cognitiva Maryanne Wolf advierte de que se está perdiendo la capacidad de profundizar en textos extensos y complejos, lo que compromete la reflexión crítica y la participación informada en la vida pública.