Hugo Daniel, desarrollador portugués, relata una experiencia personal que le llevó a reflexionar sobre el impacto de la inteligencia artificial generativa en la creatividad cotidiana. Durante una boda a la que asistió el pasado fin de semana, dos grupos de amigos —el de la novia y el del novio— proyectaron vídeos homenaje que habían elaborado de forma independiente con herramientas de IA para el guion, la narración, el audio y las escenas. Ambos vídeos, concebidos con historias diferentes, resultaron prácticamente idénticos: compartían el mismo tono de voz en off, una cadencia similar y escenas recurrentes de playas vacías, bosques y estrellas. Incluso uno de los vídeos arrancaba con una imitación del logotipo de National Geographic y ambos reproducían un mismo estilo narrativo sobre el poder del amor con tono de documental científico.
El autor subraya que la coincidencia sorprendió a los invitados, que reaccionaron con entusiasmo precisamente por lo inesperado del parecido. A partir de ese hecho, Daniel plantea una reflexión más amplia: la creatividad cotidiana está sufriendo una regresión agresiva hacia la media como consecuencia del uso masivo de estas herramientas, y cuestiona si los usuarios recurren a ellas por miedo a producir algo de baja calidad, por comodidad o por otras razones que aún no identifica con claridad. El texto funciona como una breve ensayo personal que mezcla anécdota y crítica cultural sobre la homogeneización estética que pueden inducir los modelos generativos.
