El Ferrocarril Central del Perú recorre 490 kilómetros desde el puerto del Callao, en el Pacífico, hasta Huancayo, atravesando 68 túneles, 55 puentes y 9 zigzags en pleno corazón andino. Es el único ferrocarril sudamericano de vía estándar (1.435 mm) que supera los 4.000 metros de altitud: su punto más alto, la estación de La Cima, se sitúa a 4.835 metros, solo 27 metros por debajo del récord mundial que hoy ostenta el Qinghai-Tíbet chino con 5.072 metros. Hasta 2006 fue el tren más alto del mundo.
La infraestructura, clave para la minería peruana, transporta minerales, cemento y combustible hacia las explotaciones del interior andino. El trazado fue ideado en 1851 por el ingeniero polaco Ernest Malinowski y ejecutado por el estadounidense Henry Meiggs, célebre por su promesa de colocar rieles allí donde caminan las llamas. Las obras arrancaron en 1870 con unos 10.000 trabajadores y tras epidemias, la guerra del Pacífico y décadas de retrasos concluyeron en 1908 con la llegada a Huancayo. Desde 1999 la concesión la opera Ferrocarril Central Andino S.A., que mantiene una ruta turística Lima-Huancayo de 14 horas con calendario limitado.
Viajar a esas altitudes entraña riesgos: según el Manual Merck, el 70% de las personas que superan los 4.500 metros sufre mal de altura. La concesionaria ofrece oxígeno a bordo y asistencia médica. Sobre el futuro del trazado, existen proyectos para un túnel transandino de 23,2 kilómetros y 2.000 millones de dólares que reduciría el viaje a menos de cinco horas, aunque lleva años sin ejecutarse.
