Casi la mitad del suelo urbano del este de China se hunde más de tres milímetros al año y una de cada seis ciudades supera los diez milímetros anuales, según un análisis satelital de 82 grandes urbes realizado entre 2015 y 2022. El responsable principal es la extracción intensiva de agua subterránea durante décadas para abastecer a megaciudades como Shanghái, Shenzhen o Hong Kong, en una de las mayores transformacionesurbanas de la historia, con cientos de millones de personas trasladadas del campo a la ciudad en apenas cuarenta años.
Al vaciarse los acuíferos, los sedimentos del subsuelo pierden el agua que rellenaba sus poros y se compactan bajo el peso de rascacielos, carreteras y vías férreas. El proceso, medido en milímetros anuales, pasa desapercibido durante años, pero acaba deformando edificios, agrietando infraestructuras y elevando el riesgo de inundaciones. La situación se agrava en los deltas del Yangtsé y del río Perla, donde la subsidencia del terreno coincide con la subida del nivel del mar, que avanza al ritmo más rápido de los últimos cuatro milenios.
La buena noticia es que el hundimiento puede frenarse. Shanghái llegó a descender más de un metro durante el siglo XX, pero la limitación de las extracciones y la reinyección de agua en los acuíferos ralentizaron el proceso. Tokio logró detenerlo en los años setenta. Recuperar la altura perdida resulta prácticamente imposible, pero evitar que las ciudades chinas sigan hundiéndose depende de las decisiones que se tomen ahora.
