Tesla pone en marcha este fin de semana en Austin, Texas, su servicio de robotaxi con el Cybercab, un vehículo biplaza sin volante ni pedales diseñado exclusivamente para conducción autónoma. Se trata de la culminación de casi dos años de promesas de Elon Musk, que ha apostado su paquete salarial de un billón de dólares y el futuro de la compañía a un sistema de conducción autónoma basado exclusivamente en cámaras e inteligencia artificial, una filosofía que lo distancia del resto de la industria.
El Cybercab empleará una versión modificada del software Full Self-Driving (FSD), que para los propietarios de Tesla sigue siendo un sistema de asistencia de Nivel 2 que requiere supervisión humana. A bordo del Cybercab, una versión sin controles convencionales, la supervisión recaerá en operadores remotos. Musk lleva más de siete años defendiendo públicamente su rechazo al lidar, el sensor láser que la mayoría de competidores considera imprescindible, y en 2022 eliminó también el radar del sistema de percepción de Tesla, pese a la oposición de ingenieros internos que alertaban sobre fallos en condiciones de lluvia o luz intensa.
La estrategia contrasta con la de Waymo, que combina cámaras, lidar y radar y opera ya una flota de 4.000 vehículos sin conductor en hasta 14 ciudades de Estados Unidos. El consejero delegado de Waymo, Dmitri Dolgov, sostiene que un sistema basado solo en cámaras alcanza un techo de seguridad insuficiente para superar el rendimiento humano. Musk defiende que eliminar sensores y controles abarata la producción y acelera el despliegue, y en 2024 anunció un precio inferior a 30.000 dólares por unidad. Antes de vender el vehículo al público, Tesla necesitará exenciones regulatorias federales y permisos estatales que aún no ha obtenido.
