El ejército de Estados Unidos ha realizado un ejercicio en Carolina del Norte para validar la capacidad de cavar entierros temporales en el campo de batalla, una práctica no utilizada a gran escala desde la Guerra de Corea. La operación, parte de la Fase II de la Operación Dragon Covenant, busca garantizar la preservación de los restos de los soldados caídos para su identificación forense y repatriación posterior, un desafío crítico dado que la superioridad aérea estadounidense en Irak y Afganistán permitió evacuaciones rápidas que podrían no estar disponibles en futuros conflictos de gran escala.
Durante la simulación, ingenieros y equipos de medicina preventiva excavaron zanjas utilizando bulldozers D6, logrando cavar un espacio para 20 cuerpos en una hora y 15 minutos, superando la capacidad de las excavadoras estándar que solo podían manejar diez cuerpos en tres horas. El ejército descubrió que las doctrinas previas sobre el ancho de las zanjas (7 pies) no eran viables con el equipo actual, lo que se corregirá en futuras directrices. Además, los capellanes desarrollaron protocolos para realizar servicios religiosos en entornos de alta intensidad donde no es posible realizar ceremonias individuales, optando por la consagración del sitio antes de enterrar los restos para honrar la dignidad de los fallecidos. Este ejercicio prepara a las fuerzas para gestionar la mortalidad masiva en operaciones de combate de gran escala (LSCO) con precisión y respeto.
