El autor argumenta que los modelos de lenguaje grandes (LLM) no poseen mecanismos intrínsecos de razonamiento o inteligencia, sino que son modelos matemáticos de tokens lingüísticos. La percepción de que estos sistemas 'piensan' se debe a una ilusión cognitiva en el usuario, similar a la técnica de lectura fría utilizada por los espíritus. Este fenómeno, denominado efecto LLMentalist, surge de la automatización de tácticas de validación subjetiva, como el efecto Forer, que generan respuestas específicas pero estadísticamente genéricas. El texto detalla seis etapas del proceso: selección de la audiencia, configuración del escenario, estrechamiento demográfico, prueba del sujeto, bucle de validación subjetiva y la reacción final de asombro. El autor concluye que muchos casos de uso actuales son pseudociencia bordeante, ya que la 'inteligencia' percibida es un truco estadístico y no una capacidad real de procesamiento. Esta perspectiva sugiere que la industria tecnológica ha inventado una nueva forma de mente basada en principios desconocidos, o que la inteligencia es una ilusión del usuario, sin evidencia de que los LLMs razonen de manera biológica o lógica.
