Artículo de The Verge que examina el impacto ambiental de las unidades de procesamiento gráfico (GPU) y cómo la IA ha transformado su consumo energético en una cuestión ética y política. El texto describe centros de datos como Fairwater de Microsoft en Wisconsin, construido sobre los terrenos del fracasado proyecto de Foxconn y considerado el más potente del mundo, equipados con miles de GPU Nvidia B200 Blackwell que pueden consumir hasta 1.200 W por unidad.
La pieza compara el gasto energético de la IA con el de otros usos de los GPU: videojuegos en consola PS5 (220 W), tarjetas gráficas de gaming como la RTX 5090 (575 W) o chips integrados como el A19 de Apple en el iPhone (entre 2 y 5 W), cuyo consumo agregado se multiplica por los 1.500 millones de iPhones activos. El reportaje detalla la cadena de impacto, que abarca desde la minería de materias primas y la exposición de trabajadores a sustancias tóxicas hasta el consumo masivo de agua, las emisiones de gases de efecto invernadero y los residuos electrónicos al final de la vida útil del hardware.
También recoge el crecimiento de los ingresos trimestrales de Nvidia en el segmento de centros de datos, que pasó de 0.606 millones de dólares en 2018 a 62.314 millones en 2026, frente al estancamiento de sus otras líneas de negocio. La profesora de ética Catherine Flick cuestiona que se use el medio ambiente como "chivo expiatorio" para justificar productos que los consumidores no perciben como útiles, una crítica compartida por la estratega Ashley Striblet, que rechaza que los capitalistas de riesgo achaquen al público la lenta adopción de la IA. En conjunto, el artículo invita a decidir qué usos de los GPU merecen los costes ambientales que generan.
