El despilfarro del potencial de los LED para salvar nuestros cielos nocturnos

Fuentes: We’re Squandering LEDs’ Potential to Save Our Night Skies

La iluminación LED, la tecnología de iluminación artificial más eficiente disponible —hasta un 90 % menos de consumo que las bombillas incandescentes—, no está cumpliendo su promesa de iluminar mejor las ciudades. Un reportaje recorre Londres y París para mostrar cómo el exceso de luz y los diseños mal resueltos han convertido una herramienta de ahorro energético en un motor de contaminación lumínica.

El diseñador de iluminación Simon Thorp, de la Asociación Profesional de Diseño de Iluminación del Reino Unido, explica en la plaza de Trafalgar que niveles tan bajos como 2 lux bastan para una visibilidad cómoda y segura, mientras muchas zonas urbanas operan con iluminancias muy superiores. Los LED sin apantallar generan sombras, deslumbramiento y la falsa sensación de seguridad: al añadir más luz, la percepción de oscuridad aumenta. Las cámaras de CCTV modernas funcionan bien con poca luz, pero el exceso las ciega igual que al ojo humano.

Investigaciones recientes asocian la exposición a la luz azul nocturna con la supresión de melatonina y un mayor riesgo de obesidad, ciertos cánceres y diabetes tipo 2. Desde 2019, más de la mitad de las farolas estadounidenses ya son LED y se prevé que superen el 90 % en 2030, con una penetración similar en países en desarrollo. La tecnología permite modular color e intensidad con precisión, lo que abre la puerta a un alumbrado inteligente y respetuoso con los ritmos circadianos si las decisiones de diseño acompañan al avance técnico.