El guardia de seguridad e investigador Edwin Torres firma la primera parte de un estudio histórico sobre una táctica repetida durante décadas en la industria del transporte de valores: el «desenfunde y empuñadura preventiva» del arma de fuego. Consiste en que el mensajero o guardia de una empresa de cash-in-transit saca su pistola del portafusil o la agarra con la mano lista, sin que exista una amenaza concreta, mientras manipula bultos de efectivo entre el vehículo blindado y el banco.
Torres documenta haber observado esta maniobra por primera vez en 2016, al inicio de su carrera como guardia desarmado, y de nuevo a partir de 2018 cuando entró a trabajar en una de las grandes compañías del sector. Su artículo rastrea la práctica en fuentes hemerográficas principalmente de Estados Unidos y Canadá, con el apoyo del libro «Bulletproof», de James L. Dunbar (Federal Armored Express), nieto del fundador de Dunbar Armored.
El recorrido arranca en 1919, cuando el ex teniente de policía Michael E. Sweeney introdujo el primer automóvil blindado destinado a transportar dinero en San Paul (Minnesota), cuya empresa acabaría comprando Loomis en 1967. No obstante, Torres matiza que la Reserva Federal de Chicago ya había encargado un «camión a prueba de bandidos» ese mismo año, y que David Bellamore había registrado una patente de «vehículo bancario automóvil» en 1910. El primer testimonio escrito que cita data de 1924, en la revista «Everybody's Magazine», apenas cinco años después del debut de Sweeney.
El trabajo sigue por las décadas de los años treinta (donde aparece la primera crítica pública negativa al porte ostensible de armas en Pittsburgh), los cuarenta, los cincuenta —incluyendo el singular episodio de 1954 en el que los guardias de un vehículo blindado entregaron firmas contra la censura del senador Joseph McCarthy en las escaleras del Capitolio de Washington con las pistolas visibles, provocando una investigación del Senado— y los setenta, cuando la práctica comenzó a ser reconocida y regulada por la legislación.
