El deodand, un concepto legal medieval que asignaba a objetos materiales la responsabilidad por causar la muerte, fue eliminado de la ley inglesa en 1846. Su desaparición no fue un simple avance legal, sino el resultado de un cambio estructural en la responsabilidad civil impulsado por la expansión de las ferrocarriles. En el siglo XIX, los tribunales enfrentaron un dilema: mientras que un objeto local como una barrica o una escalera podían ser valorados en sumas mínimas (pocos chelines), una locomotiva o un tren requería la indemnización de una empresa industrial con recursos ilimitados. Esta disparidad económica, combinada con la creciente percepción de negligencia por parte de los industriales, llevó a los jurados a exigir compensaciones más altas o a sugerir la eliminación de la práctica si las empresas ferroviarias asumían la responsabilidad. El incidente de 1829 en el Norfolk Arms Hotel, donde una caída de techo mató a 30 personas y el valor de los escombros fue fijado en 5 chelines, ilustra la naturaleza limitada de este sistema. A diferencia de la responsabilidad moderna, el deodand no buscaba castigar al propietario, sino que transfería el valor del objeto a la corona para fines benéficos. Su abolición en 1846 dejó a las familias de víctimas de accidentes ferroviarios sin derecho a compensación, afectando especialmente a pasajeros sin seguro y a empleados. Hoy, los historiadores revisan el deodand no solo como un mecanismo de justicia medieval, sino como un precursor de conceptos modernos de responsabilidad por entidades no humanas, como la inteligencia artificial.
