El porcentaje de estadounidenses que invitan a amigos o familiares a cenar en sus hogares ha caído drásticamente, pasando del 42% en 1975 al 12% en 2026. Este descenso, que representa un colapso del 70% en medio siglo, se suma a la reducción del 20% registrada desde 1995, según datos de la encuesta DDB Needham Life Style y la replicación de Data For Progress. A diferencia de la disminución de la asistencia a la iglesia, que fue modesta, la caída en el entretenimiento doméstico es profunda. Robert Putnam, en su libro Bowling Alone (2000), había advertido que la práctica de visitar a amigos podría desaparecer en menos de una generación; su predicción se ha confirmado. Las explicaciones principales incluyen la presión laboral en los hogares con dos ingresos, donde las mujeres, que históricamente gestionaban el calendario social, han entrado en la fuerza laboral en masa, dejando a los hombres sin la carga logística de organizar reuniones. Además, el aumento del tiempo dedicado al cuidado intensivo de los hijos ha reducido la disponibilidad para actividades sociales. Aunque el tiempo libre ha aumentado, la calidad de la ocio ha cambiado hacia actividades individuales o multitarea, como ver series mientras se responde al correo, en lugar de organizar cenas extensas. El resultado es una sociedad más aislada, donde el tiempo en casa ha explotado pero la interacción social cara a cara ha disminuido significativamente.
