Mike McQuaid, mantenedor principal de Homebrew desde hace casi 17 años, sostiene que el estado del software libre no es el catastrofismo que se repite en redes y prensa especializada. En su experiencia personal, nunca se ha quemado y disfruta más que nunca del proyecto. Frente al relato de un open source «moribundo» por la avalancha de incidencias, pull requests y auditorías de seguridad generadas por IA, McQuaid recuerda que el recurso más escaso no es el dinero, sino la motivación de quienes mantienen el código: incluso enviando mil dólares no se crea mágicamente más tiempo de un mantenedor. Por eso Homebrew automatiza lo tedioso (revisiones, CI, linters, tests) para que las personas dediquen energía a lo interesante, permite usar o evitar la IA según convenga, y cierra automáticamente las contribuciones con plantillas incompletas, señal típica de contenido generado por máquinas sin supervisión humana. El artículo defiende tres salidas cuando un proyecto va mal: dejar de hacer las partes que no divierten, pagar a alguien para que las asuma o, simplemente, abandonarlo sin culpa. Mantener software libre es voluntario y nadie debe nada a nadie; tratarlo como si fuera un SLA empresarial solo ahuyenta a los mantenedores. Homebrew, con 28 mantenedores activos y una retención del 90 % en el último año, ilustra que un proyecto vivo es, sobre todo, un proyecto divertido.
